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jueves, 3 de marzo de 2011

Escrituras del yo en la Web 2.0. Facebook: la vida sin fin o la negación de la muerte.


La red social con más de 500 millones de usuarios ha instalado prácticas que están modificando nuestro modo de relacionarnos socialmente, el modo de tratar lo privado y lo público, nuestra idea del yo, e incluso –tema de este escrito- la forma de vincularnos con la muerte. Inaugura así  una metafísica donde lo otrora considerado real se debate en la interacción entre lo virtual y lo no virtual.


Desde la invención de Facebook en el año 2004 ha quedado muy claro que el modo de establecer lazos sociales está sufriendo un giro digital. Por supuesto que el invento de Mark Zuckerberg no ha sido el primero en jugar el juego de la amistad virtual. Ahora parecen experiencias más moderadas, cuando no superadas, pero sitios como My Space y Fotolog, por nombrar los más famosos en Latinoamérica, le han precedido. Sin embargo, la interacción virtual inmediata y colectiva entre redes de amigoses una práctica que se vuelve hábito y toma proporciones considerables con la aparición de Facebook.

Este magma virtual interactivo y demandante en el que nos relacionamos hoy, ¿cómo asimila la  muerte del usuario? ¿Nos está proponiendo Facebook otro modo de relacionarnos con la muerte? ¿O nos da herramientas para negarla?

Cuando el amigo - Facebook muere

Los sitios de redes sociales en Internet nos permiten ver en exposición las palabras de las personas amigas, sus pensamientos verbalizados, pero también sus enlaces, fotos y comentarios. Lo que le gusta, los eventos a los que asistirá, los grupos de interés a los que se ha unido, entre otras cosas. Como espectadores interactivos y hasta co-creadores del perfil de nuestro amigo de Facebook, podemos – siempre que no nos haya bloqueado- añadir nuestros  propios comentarios, etiquetarlo en fotos y videos, escribir en su muro y sobre todo: tener todo esto a disposición aún cuando nuestro amigo no esté conectado al sitio.
Ahora bien, supongamos que el usuario de Facebook ha dejado de existir. ¿Qué sucede entonces con su vida virtual ?
 Pueden pasar al menos dos cosas: 1- Que los familiares notifiquen a Facebook del fallecimiento. 2- O que nadie lo haga. Y si ocurre esto último, ya veremos qué pasa...



Cementerio digital

Facebook dispone de una estrategia para mantener en el sistema a los usuarios fallecidos. Se trata de la creación de una página conmemorativa, que tiene una serie de aplicaciones limitadas para preservar la memoria del difunto. Esto se hace efectivo en los casos en que los parientes o allegados del usuario muerto informen y den pruebas de que ha ocurrido el deceso.

Cuando se notifica que un usuario ha muerto, Facebook da opciones: o bien borrar el perfil, o bien mantenerlo como un memorial. En este segundo caso se bloquean secciones y se limita el uso de la cuenta (no se pueden añadir nuevos amigos, por ejemplo). También se deja sin efecto la instrucción de listar el nombre en las búsquedas o emplearlo para ofertar servicios de interacción social.
Se trata de un perfil de actividad póstuma. En él los allegados podrán escribir en el muro, subir fotos, videos, citar al difunto y comentar. El acceso a estos sitos es privado, limitado para allegados.


 Los muertos “vivos”

El caso digno de atención ocurre cuando nadie denuncia al usuario fallecido. Es aquí donde la cuenta creada en Facebook es capaz de sobrevivir a su creador y prolongarse en interacciones diferentes, indefinidamente. Una suerte de inmortalidad new age. Y si hablamos de inmortalidad, me acuerdo de Borges, Jorge Luis; y del haiku nº 10 que aparece en La Cifra.

Hoy, quiero decir algo parecido:  El hombre ha muerto, Facebook no lo sabe, sobrevive el usuario.


Así caemos en la cuenta de que nuestras palabras quedan colgadas en el cielo estrellado de la Web con la amenaza de permanecer aún cuando nosotros pasemos a mejor vida.
A menos que se informe sobre el deceso, para el sistemacada uno de nosotros es un usuario vivo, un potencial consumidor, una pagina activa, un dato para los diferentes buscadores sociales, publicitarios, laborales.
Pero ¿no es acaso esta exposición continuada el modus operandi de lo que llamamos cultura? A saber: así como las obras de innumerables hombres a lo largo de la historia han quedado circulando a pesar - o como consecuencia - de la muerte de su creador, en Facebook el usuario muere y deja publicado su perfil, una construcción textual y visual/digital al alcance de sus amigos de Facebook. En ese caso, en Facebook se practicaría sólo una exacerbación de la posibilidad de trascendencia que trae aparejado el hecho cultural de publicar. Lo que le acontece al creador de una cuenta de usuario cuando muere es que ya no puede desdoblarse en virtual / no virtual, sino que ha quedado confinado a la virtualidad por tiempo indefinido. Esto también pasa cuando se muere un autor, ha pasado siempre. Cosas parecidas ocurren con el libro, los artículos publicados, las películas o videos en los que aparecemos, las fotos.
 Lo novedoso de la trascendencia más allá de la vida, que nos proporciona esta red social  es que la interacción con el usuario o su transfiguración en bytes, sigue teniendo lugar, pero toma un carácter diferente: se trata de la interacción de elementos del propio sistema Facebook entre sí, en el marco del perfil de un usuario cuyo sujeto emisor ya no existe en su modo umplugged. El sistema se comporta como una hipersubjetividad en movimiento.
 Así las cosas, hoy es posible experimentar una rara interacción con la variable autor-obra. Los amigos del usuario fallecido – amigos que no son más que otros usuarios armando esa babosa subjetivo/amistosa a gran escala - pueden seguir dialogando con aquél e incluso hablando entre ellos dentro del perfil del desaparecido, estableciendo comentarios y publicaciones en muro, etiquetando fotos.  En fin, el espectáculo continúa. ¿Debe continuar?
Nos pongamos orgánicos: En el frasquito ha habido una germinación y poco importa que el poroto primigenio ya no esté a la vista.
 Mensajes como: Hoy hubiéramos festejado tu cumpleaños, hasta pronto.Te queremos; ¿Te acordás los consejos que me dabas?, bueno, los puse en práctica y ahora te agradezconos vemos en el cielo, son comunes en perfiles activos de usuarios muertos.

jueves, 12 de febrero de 2009

Facebook y la prestidigitación



Sonrían, están siendo registrados

La otra noche, mientras buscaba frases "inspiradoras", impresas en etiquetas de objetos de mi escritorio y en mis anaqueles, hallé de pronto un librillo del tamaño de un posavasos, editado en 1970 por Editorial Cosmopolita, llamado "Juegos de prestidigitación". Lo abrí al azar y, además de dar con una serie de instrucciones del tipo “cómo hacer desaparecer un cigarrillo”, encontré un pasaje que brinda algunos consejos para ser un buen prestidigitador. Leyéndolo descubrí que tales recomendaciones pueden muy bien ser empleadas por el solícito usuario de facebook. Acto seguido, elaboro este ensayo en el que comparo facebook con un acto de prestidigitación.

Chicos, hagan su gracia

Aquí van los consejos (la enumeración y el ordenamiento son míos):


1- “No se debe olvidar que la prestidigitación exige la presentación de novedades; de lo contrario se corre el riesgo de producir fatiga en el espectador.”


Para quienes toman a sus intervenciones en facebook como un juego de exposición controlada, en el marco de relaciones diagramadas para ese fin, la entrega de novedades bajo la figura de “mi estado”, o “mis fotos”, o “noticias”, entre otras aplicaciones frecuentes, es una práctica recurrente cuando no indispensable para seguir siendo percibido, un modo de darse entidad ante los otros. Nunca tan aplicable como aquí le enunciado idealista de Berkeley “ser es ser percibido”, en el que identifica lo percibido con lo real.


En este menester de darnos entidad nos construimos calculadamente en espectáculo; nuestros “amigos” son los “espectadores” de nuestra “intimidad”. Guy Debord, presente. Paula Sibila, también.


Sí, facebook es el nuevo taller y depósito para la elaboración de nuestra intimidad.
Así, el habitué de facebook bien puede ser comparado con un mago que en su espectáculo debe dispensar novedades, preferentemente en forma amena, para que el juego siga su curso. El “minuto a minuto” es un imperativo. Facebook es la fábrica del minuto a minuto.

2- “Innovar constantemente y actuar con gracia y amenidad es tan importante como el juego mismo”
¿Se han dado cuenta de que casi no hay acciones agresivas, ofensivas en el facebook? ¿Será porque todos eligen su marco de relaciones? Tal vez, pero además hay todo un sistema diseñado para el bienestar. Se puede eliminar a un amigo de una manera tan veloz como pasmosa. Se puede denunciar abuso, pero por sobre todo, se puede definir el alcance de nuestra visibilidad ante los otros. Podemos elegir quiénes de nuestros amigos pueden ver tal o cual foto, o mensaje, o invitación a eventos, y quienes no, por ejemplo.
El consejo para el mago: “personalidad, simpatía amenidad y bien decir son las cualidades preferibles en un prestidigitador”, puede serle útil a un usuario de facebook.
(Esta política de la amistad selectiva siempre me ha dado a pensar que el facebook es como una especie de country: un territorio cercado con vigilancia privada. Es uno de los rasgos que distingue al facebook, del blog, o del my space, entre otros. )


3- “Es necesario convencer al público de que lo que uno dice estar haciendo, lo está efectuando realmente, aunque ello no sea cierto…”
Ni en nuestra vida cotidiana podemos escapar al ilusionismo. A la representación. Ya lo dijo Guy Debord en su libro “La sociedad del espectáculo”. Pero Facebook, en la densidad de su virtualidad, da vía libre a esta posibilidad.

4- “El prestidigitador debe procurar también que el público lo secunde, inconscientemente, en sus propósitos”.


Sin tildar a nuestros amigos de ingenuos, el establecimiento de links, resúmenes de notas, portadas de álbum de fotos, puede ser un recurso importante para provocar que nuestros espectadores sigan recorriendo la vía que les proponemos. Para que sigan jugando nuestro juego.


5- “El escenario ideal es aquel en el que el público solo puede ubicarse de frente, de manera tal que no pueda haber observadores rodeando al ilusionista”


En facebook también está esta especie de relación en dos dimensiones. Nuestros espectadores se ubican en un espacio virtual bi -dimensional. Acceden al terreno que les proponemos, pero no pueden rodearnos.

6- “No debe cometerse el error de dar las espaldas al público”


Facebook es el sitio donde las caras se muestran, de frente. Sin descartar las prácticas alternativas como fotos cortadas, fotos falsas, fotos más o menos abstractas, y hasta dibujos y caricaturas, el cometido de la “foto de perfil” en facebook es la presentación frontal de los rostros. Es, en general, el rostro, el embajador de la corporeidad de nuestros “amigos”. La imagen del cuerpo suele ser recortada a la altura de la cara. Al mejor estilo anuario de secundaria estadounidense (se ha dicho que Facebook se inicia como Fuckbook).


Respecto del rostro, hay palabras de Deleuze que llevan al límite lo que ocurre en facebook.




No he hablado de los trucos, la materia del mago. Pero es que todo lo anteriormente mencionado es “el” truco del prestidigitador-habitante de facebook.


Así, cuanto más potenciamos la capacidad de herramienta de juego y recreación de identidades que nos “permite” facebook, más interesantes se hacen nuestros trucos virtuales.


Al respecto de los trucos, Second Life ha llevado las posibilidades de la recreación de identidades-subjetividades a su más elevada expresión. Léase aquí.




**Los fragmentos y las fotos fueron tomados de : Juegos de Prestidigitación. Serie: El ayudante práctico. Edit. Cosmopolita. Año 1970. Bs.As. Pág. 7 a 26.